Cuatro y media de la tarde de un Sabado. Calle desierta de Villa Urquiza. Suena un timbre, y Emmanuel Horvilleur abre la puerta de su casa de soltero y actual vivienda de su medio hermano, Lucas Martí. El sol invita a estar tirado en cuero y pensando en nada. Pero eso quedará para otro día: mientras su bajista ronca y babea el sillón, en un rato los espera el club Ciudad de Buenos Aires para su presentación en el Pepsi Music.
La tranquilidad que abunda en la vereda se traslada al interior. Emma se pasea por la cocina y hace olvidar que dentro de menos de hora y media, él y su banda, tienen que subirse a un escenario. Hasta hay tiempo para ver una parte del video del tema "Listos para ver", realizado por Juan Chappa. "Ni yo lo vi terminado, acá tenés la exclusiva", dice con una sonrisa cómplice.
Carga el bolso con la ropa prolijamente ordenada para cada uno de los integrantes de su grupo en el baúl de su Honda y los nervios, que cualquier mortal tendría antes de enfrentarse a miles de personas, todavía no aparecen según el mismo confiesa. Aunque Emmanuel diga lo contrario, el miedo escénico se manifiesta de otra forma: el recorrido elegido hacia el Club Ciudad era incorrecto. Hasta que el auto de su manager no toma la punta de la caravana "rocanrolera" y marca el camino, los minutos pasan entre calles que no corren en el sentido deseado.
Recién cuando falta menos de media hora antes de su show, y ya tiene puesto el turbante que forma parte de su vestuario, el ex Kuryaki se mete con todo en su concierto. Reparte camisas y da órdenes como el capitán de un equipo de fútbol. "Son once temas, vamos uno atrás del otro", exige Emma a pocos pasos del escenario. Emma quiere que el público disfrute para él disfrutar. Quiere que estén, claro, listos para ver.






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